Hojas de primavera
Las hojas se levantaban sobre el asfalto recién
mojado. Las flores azules en los jardines, la nostalgia y el frío se habían
vuelto mejores amigos. Ese tipo de sentimientos acompañaban mis pensamientos.
Sola en otro país. Un país progresista donde la mujer tiene un papel
importante, donde el voto femenino fue primero que el universal. Un país de sueños
y libertades. ¿Qué tan difícil podría
ser para una chica?
La
verdad es que los ojos de esa chica veían cuestiones muy alejadas de este discurso
progresista pero sin poderles dar una respuesta consecutiva lógica. Como
preparadora de “taxes” expresión típica para nombrar a las personas que ayudan
a otros a rendir su declaración fiscal ante el IRS, se inconformaba, de
entrada, con la estructura administrativa de las hojas donde las personas que hacían
su declaración fiscal como casados. La mujer siempre estaba en Segundo plano o
firmaba después. De hecho las firmas son “primary taxpayer” y “secondary
taxpayer”, ésta última para la esposa obviamente. La lógica obedece a la idea
simple y llana de que el hombre normalmente es el proveedor y “el pagador” as
well. Sin embargo, esa situación deja de ser relevante y tener sentido cuando
uno observa de facto que el respeto y el trato equitativo se da en la pareja. Lo triste es que eso
pasa en el menor de los casos en la comunidad hispana. En la Americana, al
menos las personas de este sector de la ciudad, no rinden su declaración fiscal como casados, o sea no he
visto un solo ejemplo. Porque hay menos parejas
americanas casadas, al menos en mis estadísticas. Pero esa es otra historia.
Pero
los ojos de esta chica, los del alma, también han visto cuestiones que han superado
de manera dramática este discurso. La apertura mental y la disposición para
aprender de otras culturas aquí es casi mágica. Sólo fue secuestrada al green
lake, a las 23:50 hrs. Para aprender a patinar (skateboarding)! Su amigo
americano le dijo: ¿Quiéres conocer la cultura americana? Ven conmigo. El
viento era más sueva y más dulce a medida de que sus pies se hacían más amigos
de la tabla. Luego de una hora, era el turno de ella para enseñarle pasos de
baile. Salsa y bachata. El se dejaba guíar, no había cuestiones primarias ni
secundarias, se sintió realmente en un trato equitativo y de respeto. Allá estaban los dos, eran casi las dos
de la mañana, compartiendo sus culturas, que después de un beso parecieron una
y luego de varios, las clasificaciones dejaron de tener sentido. Un beso en la
frente para ella, uno en el cuello para él, una mirada profunda y más allá de
las despedida, mientras ella ya estaba tratando de conciliar el sueño, un
esfuerzo de él por escribir en español: “tus labios son suaves y me gusta
besarlos and thanks for to telling me about your culture”.